El crimen de Barbados: un hecho imperdonable

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Por: Yamylé Fernández Rodríguez

260px-avion_dc-8_1201_de_cubana_de_aviacionHace exactamente 40 años, el 6 de octubre de 1976, el pueblo cubano vivió una de las jornadas más luctuosas de su historia.

Ese día, la aeronave CU-455 de Cubana de Aviación, que se dirigía desde la isla de Barbados con escala en Jamaica, y destino La Habana, estalló en pleno vuelo como consecuencia de uno de los más horribles actos terroristas organizados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos con el vano afán de destruir a la Revolución Cubana.

73 fueron las víctimas mortales: 57 cubanos, 11 guyaneses y cinco coreanos.

Entre ellos se encontraban los 24 integrantes del equipo juvenil de esgrima de Cuba, ganadores de todas las medallas de oro en el Campeonato Centroamericano y del Caribe que ese año tuvo lugar en Venezuela.

Dos camagüeyanas venían en el mortal viaje: Milagros Peláez González, atleta del Equipo Nacional de Esgrima e Inés Luaces Sánchez, miembro del Equipo Nacional de Florete; dos muchachas cargadas de sueños y con un futuro prometedor que, seguramente abordaron la aeronave, ansiosas por llegar a casa para celebrar el triunfo y compartir anécdotas.

Fueron los mercenarios de origen cubano Luis Posada Carriles y el ya fallecido Orlando Bosch los autores intelectuales del horrendo crimen y los ejecutores contratados por ellos, los venezolanos Freddy Lugo y Hernán Ricardo.

Aunque los cuatro fueron sometidos a un proceso judicial Posada Carriles logró fugarse de las cárceles venezolanas y en 1980 Bosch fue absuelto al ser declarado ajeno al crimen. En tal artimaña estaba la mano oculta de la CIA y por supuesto, ambos asesinos recibieron cobija en los Estados Unidos mientras familias cubanas, guyanesas y coreanas aún continúan clamando justicia por la pérdida de sus hijos, esposos y padres.

Es ese el pasado que el presidente Barack Obama – con ademanes simpáticos y mucha sutileza- sugirió hace tan sólo 21 meses que olvidáramos los cubanos, en ocasión de su visita a La Habana.

¿Acaso no sabrá él que los pueblos que olvidan su historia están condenados a vivirla de nuevo?

Definitivamente el dolor lacerante que toda Cuba sintió hace 40 años con el crimen de Barbados, NO estamos dispuestos a volver a vivirlo y mucho menos a perdonarlo.

 

 

 

 

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