Los Cinco desde mi mirada

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En cada espacio que se reclame justicia para Los Cinco ahí estaré con ellos en mi pecho.
En cada espacio que se reclame justicia para Los Cinco ahí estaré con ellos en mi pecho.

El 12 de septiembre es el Día de los Cinco. Así lo considero yo que tenía solo 18 años de edad en el momento del arresto de René González, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y GerardoHernández.

Seguramente aquella madrugada de 1998 cuando las fuerzas del FBI irrumpieron en los domicilios de estos hombres, yo dormía con toda la tranquilidad del mundo en la Universidad de Oriente, a unos días de  comenzar los estudios de Periodismo en esa casa de altos estudios en Santiago de Cuba.

No imaginaba que gracias a personas como ellos no corría el riesgo de que allí mismo -donde convivía con estudiantes árabes, africanos y de América Latina junto a jóvenes de casi la mitad del país-, cinco hombres habían renunciado a TODO por cuidar mi sueño y el de millones de seres humanos.

Trataban de evitar que actos terroristas como el que le costó la vida al italiano Fabio Di Celmo el cuatro de septiembre de 1997 –un año antes- se repitieran no sólo en hoteles sino en algún centro estudiantil, de trabajo o en cualquier otro espacio público.

Trataban de alertar a tiempo para que en Cuba no se enlutaran más familias por culpa de mercenarios que, por un poco dinero, lo mismo habían quemado cañaverales que introducido la fiebre porcina o el dengue hemorrágico.

Desgraciadamente bien saben de lo que hablo los familiares de las víctimas del ataque terrorista del 11 de septiembre del 2001 a la torres gemelas del Wall Trade Center, en Nueva York; los que perdieron a sus seres queridos el 11 de marzo del 2004 por los atentados a la estación ferroviaria de Atocha en Madrid, o los que aún están conmovidos por las acciones de corte terrorista perpetradas hace sólo unos días en la Escuela Militar del Metro, en Santiago de Chile.

¿Se imaginan si alguien los hubiera alertado cuánto sufrimiento se habría impedido?

Por eso valoro tanto la labor de Los Cinco.

Ahora tengo 34 años de edad. Ya han transcurrido 11 desde que recibí el diploma de licenciada en Periodismo; curso una Maestría y acumulo casi una década de unión con mi esposo.

Solo ese recuento ilustra el tiempo que Antonio, Ramón y Gerardo –aún en prisión- han dejado de vivir junto a los suyos y que no recuperarán.

A ellos, a Los Cinco, no tengo cómo agradecerles por tanto altruismo. La mejor manera es con mi pluma – o mejor con mi teclado- exigiendo que no pasen ni un minuto más en prisión porque 16 años es demasiado tiempo.

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