#DDHHCuba Aprender a ser hombres de bien, un derecho de los cubanos

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Durante las clases
Durante las clases

Cada día un grupo de especialistas camagüeyanos parte de sus casas decididos a convertir en personas útiles y lo más independientes posible a 58 niños, la mayoría con Retraso Mental Moderado Agravado; 12 de ellos con Síndrome de Down y dos con padecimientos menos comunes.

Marcada con el número 184 en la calle San Esteban, entre Rosario y Palma, en la ciudad de Camagüey, la Escuela Especial “Manuel Ascunce Domenech” acoge a estos muchachos y muchachas que oscilan entre los 13 y los 27 años de edad, y es allí donde la profesionalidad, la paciencia y, sobre todo, la sensibilidad hacen posible el milagro bajo la guía de la joven licenciada Yuliet Ramírez Zamora, directora del plantel.

“Aquí la educación está dividida en tres niveles: el propedéutico, en el que a los niños se les van enseñando habilidades una por una con un procedimiento más lento; el nivel dos es en el que se fortalecen esas habilidades, y el tres que es el de producción.

“Lo que se busca es preparar a estos adolescentes y jóvenes para la vida adulta e independiente. Por ejemplo, aquí funciona un taller de Economía Doméstica en el cual aprenden a hacer jugos de frutas, ensaladas, arroz, a tender la cama, lavarse la ropa, a cómo vestirse y comportarse”, dice la joven licenciada Yuliet Ramírez Zamora.

Por su parte Odalys Hernández Pérez, jefa del ciclo docente, señala que disponen de varios especialistas entre ellos una instructora de danza; una bibliotecaria que realiza mensualmente una peña literaria en la que se dramatizan las obras que les leen a los chicos, y una profesora de música encargada del montaje de canciones para un singular coro.

Yuliet agrega que hace dos años comenzaron a celebrar en la escuela la fiesta de 15 de las niñas que llegan a esa linda edad, y “para ello contamos con el apoyo de la Dirección de Cultura y del Palacio de los Matrimonios, institución que nos presta los trajes tanto para las hembras como para los varones, y también montamos una coreografía. Por cierto, ahora estamos preparando la fiesta para Gabriela, una niña con Síndrome de Down.

“Para ello contamos con el apoyo familiar y, en sentido general, tenemos muy buen vínculo con los padres a quienes también capacitamos y visitamos en sus casas”, apunta la directora del centro.

Mucho tiene que ver la Instructora de Arte Mailín González Paneque en los preparativos de esta especial fiesta, pues ella es la encargada de lograr que los niños bailen el vals.

“Al principio fue muy difícil porque esta es mi primera experiencia como trabajadora, pero he aprendido mucho con los profesores que llevan más tiempo aquí y es muy hermoso ver el resultado. Sólo hay que guiarlos”, dice la joven.

“Ellos se merecen lo mejor del mundo”. Así opina Ray Rodríguez Gómez, quien hace dos años es el profesor de Recreación de los alumnos de la “Manuel Ascunce Domenech”.

“Nuestro principal objetivo es insertarlos activamente a la sociedad, y cada día que pasa vemos la evolución positiva de estos niños y de su manera de proyectarse. Aquí practican tenis de mesa, atletismo, voleibol, fútbol y otros juegos recreativos. Por ejemplo, el próximo 16 de diciembre participarán en una competencia de cometas y objetos volantes, y ya han estado en otros eventos deportivos junto a niños sin necesidades educativas especiales”.

Como parte de los esfuerzos para rehabilitar a los 58 adolescentes y jóvenes con Retraso Mental Moderado Agravado -12 de ellos con Síndrome de Down-, semanalmente reciben sesiones en el Centro de Equinoterapia que funciona en las inmediaciones del parque urbano Casino Campestre, en la ciudad de Camagüey.

En caso de que necesiten otros servicios acude a la escuela la rehabilitadora Gladys Carvajal, a quien encontramos el día de nuestra visita, y quien se encarga de atender personalmente al jovencito Yordanis Díaz Fontaine.

“Aquí me tratan bien y las maestras son buenas conmigo”, afirma Lazarito, como le dicen amigos y maestros a uno de los niños

Todo se complementa con el aseguramiento del transporte de ida y vuelta y con la alimentación balanceada que reciben gratuitamente los estudiantes, consistente en dos meriendas y un almuerzo con no menos de siete ofertas diarias (arroz, ensaladas, caldos, pan, postre, viandas y el plato fuerte).

Además, allí permanece atenta la enfermera Martha Jiménez Rodríguez para medicar a su hora a quienes están bajo tratamiento médico; velar por la higiene de la escuela y ofrecer los primeros auxilios si es preciso.

Tras cumplir los 21 años -edad límite para permanecer en esta institución educativa- muchos de los estudiantes junto a sus padres también han solicitado quedarse un tiempo más en esta suerte de escuela-hogar donde permanecen de 8:00 de la mañana a 4:30 pm.

¿Por qué?

La respuesta la ofreció breve, pero contundente, Lázaro Basulto, o Lazarito, como le dicen amigos y maestros a uno de los niños:

“Porque aquí me tratan bien y las maestras son buenas conmigo”.

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