Diez años de injustas condenas: Los queremos en casa YA.

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Miro las imágenes de René, Ramón, Fernando, Antonio y Gerardo que, agigantadas, presidieron este jueves la tribuna antiimperialista, donde se condenó la mezquina actitud de la Corte Suprema de Estados Unidos por no aceptar la revisión del proceso legal contra esos antiterroristas cubanos.

Alguien me comenta “verdad que el tiempo es implacable”. No digo nada y sólo se me ocurren estas líneas.
Es cierto, los años no perdonan.

Aunque para los cubanos esos compatriotas permanecerán como jóvenes imperecederos, no debe obviarse que físicamente ya rebasaron la etapa de la juventud.

René, el mayor de ellos, a sus 52 años, ya peina algunas canas, Tony, con su eterna sonrisa, tiene cincuenta años, Ramón, llegó el nueve de junio último a los 46, Fernando, acumula 45 y Gerardo, el más joven, recién cumplió 44.

Pero esos no son los únicos indicadores de que el tiempo no pasa en balde. Ahí están, grandes y hermosas, Ivette y Lizbeth, quienes eran unas bebés cuando René y Ramón fueron detenidos abruptamente en Miami por el FBI, el 12 de septiembre de 1998.

Sólo basta mirarlas para imaginar, con dolor, cuántos instantes deliciosos se han perdido, hijas y padres: paseos al parque, viajes a la playa, el beso antes de dormir o simplemente el llamado de atención ante alguna falta.

También están Adriana y Rosa Aurora, las esposas de Gerardo y Fernando, quienes han visto pasar los más fértiles años de sus vidas acariciando el anhelo de ser madres; un sueño frustrado por la histeria de tres administraciones norteamericanas, desde William Clinton hasta Barack Obama.

La injusticia va más allá de las cuatro cadenas perpetuas y 77 años que suman todas las condenas.

Se traducen en diez veces el día de las madres, con el hijo ausente, en igual número de Día de los padres, sin el cabeza de familia en casa, diez Días de los enamorados y fines de año sin la cercanía del ser amado….

Cierto es que una década después los efectos del tiempo resultan implacables. Sólo una cosa ha crecido y para bien: la solidaridad mundial con ese quinteto gigante de patriotas cubanos y ello continuará en aumento hasta tenerlos en casa, donde los queremos YA.

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